Primero de Mayo en Plaza Condell: memoria obrera, presente y disputa de sentidos.

El Primero de Mayo nos volvió a reunir en la Plaza Condell de Concepción, un espacio que para nuestro movimiento no es neutro ni casual. De manera autónoma, hemos insistido en levantar allí las banderas del anarcosindicalismo, no solo como gesto simbólico, sino como ejercicio de recuperación histórica de un lugar que forma parte de la memoria obrera de la ciudad.
Fue en esta misma plaza donde la anarcosindicalista Confederación General de Trabajadores (CGT), durante la década de 1930, realizaba actos, asambleas y encuentros confederales. En ese pasado se expresa una tradición de organización obrera que no se reduce al recuerdo, sino que interpela el presente: la necesidad de construir poder desde abajo, sin mediaciones ni tutelas.
Este año la convocatoria reunió a más personas que el anterior, en un contexto donde la conmemoración del Primero de Mayo vuelve a mostrar una clara disputa entre proyectos sindicales y políticos. Por un lado, la movilización mayoritaria encabezada por la CUT, que insiste en posicionarse como la voz representativa de la clase trabajadora. Por otro, expresiones autónomas que cuestionan esa representación y las formas de negociación institucional que la sostienen.
Desde nuestra perspectiva, estas estructuras sindicales se han vinculado históricamente a proyectos políticos que han administrado el orden existente sin transformarlo de fondo, funcionando como intermediarios entre el Estado, el capital y el mundo del trabajo. En ese marco, no se trata solo de diferencias tácticas, sino de una disputa más profunda sobre qué entendemos por organización obrera y transformación social.
Como Sindicato de Oficios Varios de la Frontera del Biobío, parte de Solidaridad Obrera AIT, sostenemos una posición clara de independencia respecto de los distintos bloques políticos institucionales. No adherimos a las promesas del Frente Amplio ni a los sectores que, habiendo gestionado el gobierno en los últimos años, no lograron frenar —y en muchos casos profundizaron— dinámicas de criminalización, precarización y control sobre la conflictividad social. Estas condiciones, lejos de debilitar a la derecha autoritaria, terminaron por facilitar su avance político y su capacidad de imponer agenda.
Vivimos un escenario marcado por la concentración económica, el poder de las grandes finanzas, las empresas de fachada y la expansión de economías ilegales que se entrelazan con la precariedad cotidiana. En este contexto, la clase trabajadora no solo enfrenta explotación laboral, sino también fragmentación social y ausencia de horizontes colectivos claros.
Frente a ello, no creemos que la respuesta esté en el aislamiento ni tampoco en la subordinación a proyectos reformistas que terminan administrando el conflicto sin transformarlo. La alternativa, desde nuestra experiencia, sigue estando en la organización directa, en la acción colectiva y en la construcción de espacios autónomos que no dependan de las lógicas institucionales.
No se trata de repetir el pasado, sino de recuperar una pregunta fundamental: cómo organizarnos hoy para enfrentar las condiciones actuales de explotación y dominación. Y esa respuesta, insistimos, no vendrá desde arriba, sino desde las propias trabajadoras y trabajadores en lucha.

